Las Damas de Blanco surgieron espontáneamente en Abril del año 2003, cuando un grupo de valientes y dignas mujeres sufrieron la injusta encarcelación de sus familiares. Hoy el grupo junta a mujeres de diversos credos e ideologías, por toda Cuba, unidas por el dolor de estar separadas de sus seres más queridos y el firme propósito de lograr su liberación.

A continuación puedes ver información específica acerca de algunas Damas de Blanco.
Silvia Aguado

Silvia Aguado
esposa de Antonio Villarreal.

Silvia acompañada de su hija Diani Teresa, de nueve años. "Ella quiere demasiado a su padre. Ha estado enferma con los viajes a la prisión"

Silvia, de cuarenta y seis años, vive en un pueblo llamado Corralillo, en Villa Clara, con su hija Diani Teresa. Su casa está en una loma, muy cerca del mar.

Su esposo, Antonio Villarreal, fue injustamente condenado a quince años. Al igual que muchos de los 75 detenidos en marzo de 2003, Antonio ha debido pasar por varias prisiones. Primero estuvo en Santiago de Cuba, en celda de castigo. Aislado. Ahora está en La Pendiente, en Santa Clara. Ha bajado mucho de peso últimamente y tiene una hernia que debería operarse.

Silvia está acompañada de su hija Diani Teresa, quien cumplió nueve años el 29 de septiembre de 2005. "Ella quiere demasiado a su padre. Ha estado enferma con los viajes a la prisión. Tenía mucho movimiento en las manos por lo que hubo que llevarla al médico, pero ya se le ha pasado", cuenta su madre.

Para llegar a la prisión en Santa Clara Silvia debe abordar un automóvil a las cuatro de la madrugada, lo que implica levantarse a las dos. "En otros lugares hay más movilización. No aquí, donde dependemos de las guaguas (autobuses). Nos paramos en el camino y debemos esperar a tener lugar en alguna guagua".A Santa Clara el bus llega entre siete u ocho de la mañana y allí debe coger un coche que las lleve hasta la prisión. "A la salida es más fácil", dice con resignación.

Silvia se las arregla para que su niña no sepa exactamente lo que pasa con su padre. "Yo le digo que su papá está en una escuela estudiando estadística. Ella me dice por qué mi papá tiene que estudiar, por qué tiene que estar donde esas personas tan malas y no lo dejan venir a la casa. Digo, niña, porque tiene que estudiar".Y así han pasado dos años.

Antonio estudió economía. Trabajó algún tiempo de forma particular, y después entró de lleno a las labores de la oposición.

Su esperanza, como la de todas las Damas de Blanco, es que algún día las cosas cambien y su marido pueda salir en libertad. "Esperando estamos a ver que sucede, unas veces quedamos atrasaditas, otras veces tenemos la esperanza, de cuando salen. Las apelaciones ya se hicieron. Esperar a ver qué pase, que cambie algo o que se hagan gestiones. Nos dicen que se hacen gestiones internacionales para ver qué sucede".Y con esa esperanza de que las cosas cambien indica que "es un crimen tenerlos allí por sus ideas. El no se arrepiente. Tiene su idea y más nada. Se mantiene".

Nancy Alfaya

Nancy Alfaya
esposa de Jorge Olivera Castillo

El periodista independiente Jorge Olivera Castillo se encuentra en "licencia extrapenal" -libertad condicional- desde Diciembre del 2004, debido a su deteriorado estado de salud. Fue condenado por "escribir sin mandato", al igual que más de veinte periodistas independientes en Abril del 2003.

Cada vez que Nancy iba a la prisión en la que estaba su esposo, los funcionarios la obligaban a desnudarse para registrarla antes de permitirle entrar. Rehusó a ser degradada de esa manera y como resultado no le permitían ni siquiera darle a Jorge su medicación, a pesar de encontrarse enfermo.

El periodista independiente Jorge Olivera Castillo se encuentra en "licencia extrapenal" -libertad condicional- desde Diciembre del 2004, debido a su deteriorado estado de salud. Fue condenado por "escribir sin mandato", al igual que más de veinte periodistas independientes en Abril del 2003.

Sonia Álvarez Campello

Sonia Álvarez Campillo,
esposa de Félix Navarro Rodríguez


Sonia Generosa Álvarez Campillo es la esposa del prisionero político Félix Navarro Rodríguez. Se casaron en agosto de 1980 y de esa unión nación su hija Saylí en 1986.

Sonia Álvarez Campillo con su esposo de Félix Navarro Rodríguez y su hija

Profesor de Enseñanza Media durante más de 20 años, Félix fue expulsado por "Traición a la Revolución" como puede leerse en el documento oficial emitido por la Dirección Municipal de Educación, en Perico, Matanzas en 1992, al ser detenido y condenado a tres años de privación de libertad por ser opositor al gobierno. Una vez libre se integra al Partido Solidaridad Democrática hasta abril de 1999, fecha en la que funda el Movimiento por la Democracia Pedro Luis Boitel -en honor a un prisionero político que murió en una huelga de hambre en una cárcel cubana a principios de la década de 1970. En marzo del 2003 fue detenido, y tras un arbitrario pseudo-juicio sumario, sentenciado a 25 años, condena que cumple en la prisión de máxima seguridad de Combinado de Guantánamo.

Félix Navarro mantiene su oposición al gobierno incluso en la cárcel. ''Honestamente, no creo que lo vayan a soltar'', piensa su esposa Sonia. `` (Mi esposo) es muy fuerte, no tiene enfermedades. Ojalá que los soltaran a todos, pero no creo''.

Su hija Saylí ha heredado la dignidad y el coraje de sus padres.

Esta adolescente de hablar suave tenía apenas seis años cuando su padre fue encarcelado por primera vez. Ahora, rondando los 20, Saylí Navarro se atreve a criticar al gobierno de Castro, en un país donde el miedo es el rey. Está indignada por las relativas comodidades que disfrutaba el propio Castro cuando estuvo en la cárcel, y que él mismo describía en sus libros, y así se lo hizo saber en una carta entregada en las oficinas de Castro en La Habana.

La joven Saylí piensa que los opositores que continúan presos ''no han cometido ningún delito'' y ``están en la cárcel por el capricho de un hombre''. "Yo quiero una Cuba donde exista la libertad... que en la Cuba de Castro no existe'' dice.

Por su parte su padre sigue luchando por los derechos humanos desde la prisión. Hace un tiempo unos inspectores visitaron la cárcel y él les dijo que uno de los presos dormía en el suelo. Como resultado de eso, los guardias le amenazaron.




CARTA DE SAYLÍ NAVARRO A FIDEL CASTRO
Perico, Matanzas, 29 de marzo de 2003

Mi nombre es Saylí y soy la hija de Félix Navarro Rodríguez, en estos momentos mi papá se encuentra en prisión, no es la primera vez que esto ocurre, pero la vez anterior yo era muy pequeña para comprender las razones por las cuales se lo habían llevado. Mi mamá sufrió mucho, yo también porque le echaba de menos y no sabía cómo consolar a mi mamá.

Hoy, sin embargo, sé comprender las razones de que mi papá y muchos otros hombres buenos hayan sido encarcelados. He llorado tanto que sentí que el corazón se me estaba partiendo en mil pedazos, creo que más nunca voy a poder llorar ya que en estos momentos siento un gran vacío en el pecho.

Son infinitas las muestras de solidaridad que estamos recibiendo desde todas partes del mundo, no sólo de cubanos, también de españoles, canadienses, norteamericanos, italianos, checos, eslovacos, venezolanos, dominicanos, chilenos, etc.

Pero las más emocionantes han sido las que hemos recibido de nuestros vecinos, incluyendo personas de los comités, del partido, la policía, la federación de mujeres, los muchachos que pertenecen a la juventud de jóvenes comunistas y hasta de un agente de la seguridad que nos dijo sentirse avergonzado de estos abusos. Conforta saber que no estamos solos.

Mis padres me han enseñado a no odiar, a no usar la violencia y a comprender el verdadero significado de la libertad: el hombre libre no es el que oprime a un pueblo para mantenerse en el poder, ya que la adicción al poder lo convierte en un esclavo.

El hombre libre no encarcela a otro hombre por disentir, eso lo hacen los cobardes que sólo poseen la fuerza y se han quedado sin argumentos.

Los hombres libres no encarcelan a los poetas, esto es un acto inútil, tal vez lo hacen porque desconocen lo que escribiera el poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer a mediados del siglo XIX: "podrá no haber poetas; pero siempre habrá poesía".

Nuestro pueblo no es un pueblo de cobardes. Hace más de dos mil años que un hombre judío puso la otra mejilla y se dejó crucificar, y fueron esas acciones y no la Inquisición o las Cruzadas las que han sentado las bases de la civilización occidental. Espero que esta carta llegue a sus manos.

Respetuosamente,
Saylí Navarro


Gloria Amaya González

Gloria Amaya González,
madre de tres presos de conciencia, dos de ellos aún en prisión



La historia de la familia Sigler-Amaya es una de las más impresionantes de la lucha por la democracia en Cuba.

Viven en Pedro Betancourt, una población de la provincia de Matanzas, relativamente cercana aunque muy distinta de Varadero, el centro turístico más importante de Cuba.

La vida de Gloria Amaya, la madre, ha sido excepcional. Tuvo que criar sola a sus cinco hijos, ya que su esposo se encontraba enfermo. Todos sus hijos son opositores. Tres de ellos son prisioneros políticos, declarados prisioneros de conciencia. Dos de ellos, Ariel y Guido siguen encarcelados por sus ideas favorables a la democracia y opuestas a la dictadura, mientras que el tercero Miguel, partió al exilio recientemente junto a su familia.

Ya antes de abril de 2003, esta ejemplar familia tuvo que sufrir humillaciones, amenazas, golpes y actos de repudio. Porque si ser opositor en La Habana es un acto resueltamente valiente y arriesgado, el serlo en un pueblo del interior como Pedro Betancourt es una auténtica heroicidad.

Gloria es de avanzada edad -76 años- y sufre varias enfermedades. Durante actos de repudio y en marzo del 2003 sufrió agresiones físicas por parte de las turbas que entraron en su casa. Pero a pesar de estar enferma, el mayor desgaste es el espiritual. Lo da el que te separen a la fuerza, a la vejez, de tus hijos.

El hogar de esta familia cubana, en el número 1910 de la calle 22, entre la 19 y la 2, en Pedro Betancourt, Matanzas, se encuentra en condiciones muy humildes, pero adornado por un lujo en los tiempos que corren: una cantidad inconmensurable de dignidad.

Gloria y su familia son hoy un brillante ejemplo para toda la humanidad

 
Mayelín Bolívar González

Mayelín Bolívar González
esposa de Manuel Ubals González

Cuando arrestaron a su marido sus parientes les dejaron un cuartito muy pequeño. Debido a esa ayuda, los despidieron de sus trabajos. Ahora ningún miembro de la familia está ganando dinero.

En Marzo del 2005, Manuel Ubals denunció junto a otros presos políticos ante la opinión pública internacional en un documento las violaciones de los derechos humanos dentro de la prisión provincial de "Boniato" en Santiago de Cuba, que incluyen la negación de la atención médica, palizas, chantajes, amenazas y torturas psicológicas.

Mayelín y sus tres hijos deben viajar en tren para visitar a su marido en prisión. Puesto que el tren no hace parada en el lugar donde está la prisión, Mayelín debe esperar a que sus dos hijos mayores salten del tren en movimiento y enseguida saltar ella también, pero llevando al más joven de sus hijos en brazos.

 
Magaly Broche de La Cruz

Magaly Broche de La Cruz
esposa de Librado Ricardo Linares García

Magaly es la esposa de Librado Ricardo Linares García. Tienen un hijo, César.
Este ingeniero eléctrico fue expulsado de su trabajo en 1992 al pedir reformas. Presidente del Movimiento Cubano Reflexión en Camajuaní, Villa Clara, fue condenado a 20 años en Abril del 2003.

Cartas de su esposa y de su hijo

Camajuaní 2 de marzo de 2004

Librado:

Ante todo va mi abrazo y un beso que te cubra. Sólo unas palabras iniciales para decirte que mereces aún más toda mi admiración y respeto. Después de leer el libro "Cartas desde la Prisión", del polaco Adam Michnik, puedo comprender mejor cuántos valores buenos almacenas en tu alma.

Creo que tienes razones sobradas para no ponerte esa ropa de preso común, usarla sería negarte a ti mismo, dejar de ser tú, debido a tu perenne lucha a favor de los derechos humanos que ahora te violan salvajemente debido a tu condición de preso político y de conciencia.

Conocerte así me hace amarte más y estar aún más segura del hombre que elegí como esposo y padre de mi único hijo. Siempre sentí en tu mirada y palabras la transparencia de tu alma; pero ahora logro comprender totalmente por qué me atrajiste desde aquellas primeras conversaciones hace ya algunos años.

Nuestro hijo me agradecerá toda su vida el padre que escogí para él porque lo hice primeramente por amor limpio y sincero y en segundo lugar porque alguien que se formara en mi vientre, no podría ser cualquier cosa, sino el fruto de una gran semilla, por eso inmodestamente me felicito por haberte escogido a ti como una de las cosas más grandes que me ha sucedido jamás, el mejor de los padres, el amor que nunca morirá entre nosotros, además del esposo y compañero con quien viviré hasta el último aliento de mi vida. Tú mereces mi amor en el sentido más íntegro de la palabra. Hoy más que nunca tienes motivos para sentirte realizado a pesar de las adversidades, pues lo que un día te propusiste arriesgando la libertad y la unión de la familia, ha sido reconocido por el mundo entero, debido a las sobradas muestras de solidaridad internacional… ¿Qué más pedir?

No te preocupes por nosotros. Aquí estamos fortalecidos, especialmente conociendo que tú lo estás y con la fuerza de la razón que nos asiste y nos levanta. Pobre de los que tienen una lucha interna en su alma.

El niño está bien; él necesita ahora más que nunca de mí. Yo me esfuerzo en tratar de suplir tu insuperable papel de padre, dándole lo mejor de mí.

Te amo y te amaré eternamente. Siempre estaré a tu lado para apoyarte y decirte: ¡adelante!, porque estoy segura de que cuando salgas de allí podrás abrazarme con más fuerza que nunca. Todos los que te conocen muestran su solidaridad, admiración y respeto. Eres todo un millonario de corazones.

Cuídate mucho,
tu esposa para siempre,
Magalys


Camajuaní 2 de marzo de 2004


Papito:

Eres el hombre más bueno del mundo por eso tengo muchas ganas que regreses a casa. Tengo tantas ganas que vengas que prefiero no tener juguetes a cambio; que vengas para siempre… sí, que acabes de venir ya.

Mi mamá se parece al cuento de la Bella Durmiente y tú eres su príncipe. Ella se está poniendo cada día más linda, pero no te preocupes que yo te la cuido bien. A Adita le dije que fuera a Santa Clara donde hay un aparato que se le toca el botón y se pone joven para cuando tú vengas la encuentres linda también.

Yo no sé por qué te tienen encerrado con gente muy mala, detrás de esas rejas de hierro que no se pueden romper. Siempre me acuerdo cuando estabas aquí y me leías la Biblia y los cuentos bonitos antes de acostarme.

Por eso te extraño mucho. Tengo muchos deseos de abrazarte tan fuerte que va a ser el abrazo más fuerte que te voy a dar.

No te preocupes que yo me voy a portar bien, para ser bueno igual que tú. Mi maestra me gusta mucho, es muy buena y linda y dulce. Yo le llevo flores y le doy muchos besos como tú me pedías. A mí me gusta mucho estudiar, para ser electricista y darle luz a mi mamita siempre.

Tú y mamita pegan mucho porque ella es delicada y tú eres serio, fuerte y grande. Cómete toda la comidita para que no te enfermes.

Un abrazo grande porque los hombres no se besan.
Te quiero mucho, tu hijo.
César
 
Asunción Carrillo

Asunción Carrillo
madre de Iván Hernández Carrillo

Iván, sindicalista y periodista independiente, ha estado en huelga de hambre en cuatro ocasiones desde que fue arrestado. Así logró que se le permitiera ver a un sacerdote y es uno de los pocos que tiene una Biblia en su celda. Leerla le ayudar a mantener el optimismo.

 
Gisela Delgado

Gisela Delgado
esposa de Héctor Palacios

"Las armas letales que ellos encontraron aquí fueron lápices, hojas, una máquina de escribir y libros que se llevaron y que no he podido cuantificar. La hoja de confiscación no la tengo", explica.

Debido a la edad de su esposo y sus malas condiciones de salud, Gisela teme que no salga de allí con vida. Héctor Palacios tiene 64 años y su sentencia es de 25 años de prisión. Los dos años y medio que lleva preso ya le han repercutido mucho en su salud. Lleva más de 20 meses hospitalizado.

"Está enfermo debido al tratamiento inhumano que se le ha dado en la prisión. Tiene un trastorno circulatorio severo, una insuficiencia venosa a nivel periférico y profundo, es algo irreversible. Tiene una cardiopatía isquémica (problemas en las arterias coronarias) e hipertensión severa" cuenta Gisela.

Héctor Palacios fue arrestado, en medio de un gran operativo policial, el 20 de marzo de 2003. Su juicio comenzó la mañana del tres abril y concluyó a las cinco de la madrugada del día siguiente. Fue justamente durante el proceso cuando Gisela pasó los peores momentos, ya que a Héctor se le acusaba tanto por la ley 88 como por el artículo 91 del código penal, que contempla la pena de muerte. "Finalmente el fiscal solicitó 25 años, para no tener que decir cadena perpetua, que suena muy fuerte. No tuvo oportunidad de defenderse, ni un abogado para que apelara la sentencia."

"Según entiendo, esos juicios se aplican en tiempos de guerra, y que yo sepa a esa fecha el país no estaba en guerra", reclama su esposa, quien es miembro activa de las Damas de Blanco.

Gisela además preside el proyecto de Bibliotecas Independientes de Cuba, iniciativa que continúa adelante, pese a la represión. "Tiene por principal objetivo dar lectura libre a las comunidades, un objetivo netamente cultural. Las bibliotecas se han convertido en prácticamente centros sociales adonde las personas acuden en busca de libros, muchas veces se debate sobre diferentes temas, se hacen tertulias literarias", relata sobre una actividad que la llena de orgullo.

Al momento de su arresto, Héctor Palacios era el director del Centro de Estudios Sociales, donde colaboraban profesionales de distintas ramas y se analizaba la situación social, política o económica del país. También presidía la organización Todos Unidos, que intenta encontrar un consenso entre las personas sobre la situación cubana y cómo hacérselo saber al Estado cubano, una sociedad emergente. "Era todo lo que mi esposo hacía. También escribía sus opiniones, no era periodista independiente, pero le gusta escribir".

En los años ochenta comenzaron las contradicciones de Héctor Palacios con el régimen. "Héctor comenzó a criticar todo aquello y eso le costó la expulsión del núcleo del partido. Después lo fueron bajando de cargos en el trabajo. Y nunca más tuvo posibilidades de trabajar", recalca su esposa.

A diferencia de muchas de las otras Damas de Blanco que de pronto han tenido que afrontar la detención de sus maridos, Gisela tiene experiencia política y también ha sufrido la represión. "Ambos participábamos activamente reuniendo firmas para el Proyecto Varela y por eso los dos hemos sido detenidos anteriormente", cuenta.

Desde 1994 a 1995, Héctor Palacios estuvo detenido acusado de asociación, reunión y manifestación ilícita. Y desde enero de 1997 hasta febrero de 1998 por desacato a la figura del presidente del Consejo de Estado. En esa oportunidad, Héctor planteó en una entrevista que era poco serio que los presidentes firmaran acuerdos en las cumbres internacionales y más tarde no los cumplieran, porque no se hace un seguimiento de los acuerdos que allí se adoptan."Héctor se refería a la declaración que Castro firmó en Viña del Mar, Chile, donde se manifestó a favor del pluripartidismo y la democracia. Pero luego cuando regresó a Cuba dice que esto es ¡Socialismo o muerte!".De esa detención quedó libre gracias a la amnistía decretada en1998 debido a la visita que hizo a la isla el Papa Juan Pablo II. Todo lo anterior jugó además en su contra para el juicio de 2003. "Cuando fue el juicio eso fue considerado un agravante", recalca Gisela.

El participar de las actividades de las Damas de Blanco también ha tenido un costo para Gisela. "Este acto de ir a la iglesia, de caminar por la Quinta Avenida, de hacer nuestra protesta en silencio, lo han reprimido brutalmente. En el mismo 2003, para el día de las madres, fui visitada por dos agentes de la policía política y me amenazaron con veinticinco años de prisión si yo no dejaba de hacer eso. Me prohibieron ir ese día a esa iglesia de Santa Rita. Me dijeron que nuestra actitud no iba a mejorar nada, entonces yo les contesté qué vamos a mejorar si ustedes lo que le han puesto es la muerte en las manos de él".Gisela tiene 15 años de casada y la satisfacción de que Héctor haya criado a su hija, Giselle, como propia pese a no ser su padre biológico. "Ella también fue amenazada al principio cuando estaba en la escuela, a los dieciocho años. Le dijeron que ella me tenía que callar la boca a mí y que todo era culpa de ese hombre que supuestamente es su padre, pero que no es su padre, como se lo refregaban. Además le dijeron que a mí me llevarían a una cárcel de mujeres bien lejos y que ella era muy joven para asumir una carga tan pesada. Su respuesta fue: si eso es lo que quieren imponer, yo lo asumiré, pero ese sí es mi padre, la persona que me ha criado".

Aunque es graduada en electrónica en computación, Gisela nunca pudo acceder a buenos trabajos por no "integrar el proceso revolucionario".Pese a las actividades que desarrolla en las Damas de Blanco y en las Bibliotecas Independientes, su principal preocupación ahora es la deteriorada salud de su esposo. "Su estado es tan grave que tiene la pierna derecha inflamada a más del doble. Se le ha desarrollado una artrosis degenerativa generalizada, muy común en la población penal por la humedad de las prisiones y por la humedad que hay en nuestro país. Todos esos padecimientos le pueden causar hasta la muerte", manifiesta emocionada, con un hilo de voz. "Yo quisiera que Héctor no tuviera nada de eso aunque estuviera preso. Ellos no están al servicio de ninguna potencia, están al servicio del pueblo cubano. Yo prefiero que cumpla una sanción pero con salud, con la salud uno puede tenerlo todo, las cosas pueden que no cambien pero uno tiene salud". "El día que me entreguen a mi esposo, si llegan a entregármelo, seré su enfermera de por vida y sólo tendrá el 40% de su salud"

 
Juana Felipe de Mustafá

Juana Felipe de Mustafá
madre de Jesús Mustafá Felipe

Juana es la madre de Jesús Mustafá Felipe, miembro del Movimiento Cristiano Liberación y coordinador del Proyecto Varela. Jesús ya estaba en la cárcel cumpliendo una condena de 18 meses impuesta el 18 de febrero de 2003, bajo la acusación de desacato y resistencia a la autoridad, cuando fue condenado a 25 años más de prisión en un juicio sumadísimo el 7 de abril del 2003.

Los vecinos de Juana lanzan rocas y pintura a la puerta de su casa, porque les prometieron que les darían una televisión y una línea de teléfono si hacían eso.

 
Alejandrina García de la Riva

Alejandrina García de la Riva
esposa de Diosdado González Marrero

Cuando tiene algún dinerito extra, Alejandrina compra combustible y algún amigo de buena voluntad la traslada en su vehículo desde Matanzas hasta la prisión de Kilo 5 y C medio en Pinar del Río. Son más de 400 kilómetros, pero es la única forma que ella ha logrado idear para llevar consigo a su suegra de 80 años para que vea su hijo, Diosdado González Marrero, condenado a 20 años."O si no me voy por la carretera tirándole mano a los carros, con los bultos, los alimentos que a veces se echan a perder, tengo que salir dos días antes para Pinar del Río para poder elaborar los alimentos allá en la casa de algunas personas que me han brindado cobijo en su casa. No eran gente conocida porque nunca había ido a esa provincia, pero a raíz de toda esta situación, la oposición se activó y en todas las provincias empezaron las personas a solidarizarse y brindaron sus casas".

"Como mujer me ha sido muy difícil. Me he quedado con dos hijos, que si bien ya no son chicos necesitan mucho de su padre", cuenta. Se trata de Reymar de 21 años y de Dairelis, de 14. "He tenido que asumir responsabilidades con ellos que no he encontrado a veces formas de salir adelante, de explicarles, de conversar con ellos", relata y agrega que ella se casó a los 17 años, cuando su marido recién tenía 21, los que ahora tiene Reymar. Hasta el momento la peor parte se la ha llevado el varón. Reymar estudiaba en la escuela de deportes y a raíz del arresto de su padre lo sacaron del equipo de pelota. Comenzó a estudiar el bachiller en el municipio de Perico, y lo echaron de la escuela. "La directora le dijo que no podía continuar estudiando y yo pedí una explicación. Me dijo que por que no tenía ningún centro de trabajo y que para terminar el bachiller tenía que trabajar con el Estado.

Ella estudió técnico medio en el Instituto de Agronomía, en Matanzas. "Yo no puedo trabajar, aquí para trabajar tengo que hacerlo en la agricultura chapeando (cortar hierbas) con una guataca (azadón), arrancando hierbas en el campo, en cooperativa, los salarios son muy bajos y ese es el único trabajo que pudiera hacer yo porque no hay empleo. Y no sólo porque no hay empleo, sino que para tener un trabajo más cómodo hay que ser militante del Partido, de la Juventud y estar con el gobierno", se lamenta.

Diosdado tiene calificación de obrero como electricista y Alejandrina lo define como un líder de la desobediencia civil en Matanzas. "El dirigía un grupo de oposición pacífica en Matanzas que se llama Partido Paz, Amor y Libertad. Hacían mucha labor de desobediencia civil en las calles, entregaban declaraciones de derechos humanos, hacían actos públicos, por ejemplo, los 28 de enero ponían flores a José Martí y hacían mucho trabajo con el pueblo, explicando los derechos de los cubanos, cómo se violaban. En realidad ha sido un líder de la desobediencia civil aquí".

Junto a la crianza de sus hijos lo que más la preocupa es la situación de vida de Diosdado en la prisión. "En todo momento uno piensa en que el alimento es escaso, que es mal elaborado, que el agua está contaminada, que están las enfermedades de tuberculosis, de diarrea, de parasitismo en las prisiones. En Cuba toda la gente está igual pero él es lo que más me golpea a mi", reflexiona.

Las celebraciones como Navidad le duelen más en soledad. "En las fechas importantes de Fin de Año, la familia siempre hemos estado unidos, los hijos en casa, siempre no ha sido muy bueno, pero lo que hemos podido hacer es reunirnos con amor, con paz, con tranquilidad dentro de toda la angustia que vive la nación".En Roque, el pueblito donde viven la patrona de la iglesia es Santa Catalina de Siena, a ella es a quien Alejandrina le ruega por su esposo cuado no va a La Habana. "Es muy difícil y uno piensa allá tan lejos y encarcelado injustamente. Porque no ha cometido ningún delito para estar encarcelado y para pagar esos años de prisión".Siempre acompañada de los chicos, fueron a la misa del gallo, a la misa de Navidad y a la de Fin de Año. Sin posibilidades de trabajo la ayuda que recibe de los plantados, del europarlamentario sueco que patrocina a su esposo y de una familia cubana exiliada, son verdaderos juegos malabares los que hace con el dinero para poder llevarle a su marido lo que requiere."Imagínese que tengo que sacar cuentecitas cuando me llega alguna ayuda y cerrar los ojos, hay muchas cosas que no podemos comprar. Simplemente tenemos que vivir a raya bien apretados. No podemos hacer ninguna compra extra de lo común. Es muy difícil con el vestuario con los muchachos".Mi hijo me dice: "hay mamá que yo no te puedo ayudar, que no tengo trabajo", esas son cosas que la golpean a uno.

Alejandrina explica que compró, con ayuda solidaria de sus vecinos, un colchón para su esposo, que duerme en el suelo de la celda. Pero los funcionarios de prisiones no le permiten dárselo y Diosdado duerme todavía en el suelo.
 
Maidelín Guerra

Maidelín Guerra
esposa de Mario Enrique Mayo Hernández

Su marido, el periodista independiente Mario Enrique Mayo Hernández fue condenado a 20 años.

 
Lisandra Lafitta

Lisandra Lafitta
esposa de Luis Milán Fernández

Desde que arrestaron a su marido ha tenido que llevar a su hija de seis años a consultas al psicólogo. No entiende en dónde está su padre ni por qué la "ha abandonado".

Su esposo, el médico Luis Milán Fernández, es promotor del Proyecto Varela y miembro del Movimiento Cristiano Liberación. Le cayeron 13 años. La sentencia dice, entre otras cosas, que el condenado hizo algo tan horrendo como escribir una carta en la que se constata "su marcada intención de cambios constitucionales a favor de sus ideas, contrarias al gobierno de Cuba y al orden social vigente, al que critica desde una posición irrespetuosa y desafiante". También poseía "variados libros, revistas y folletos que, examinados por un grupo de capacitados y prestigiosos expertos, señalaron su carácter subversivo y contrarrevolucionario".

Pero la prueba definitiva, a criterio del tribunal castrista, del carácter criminal de Milán Fernández fue la declaración de una enfermera de que en una ocasión "se colocó por encima de su bata sanitaria de médico un brazalete negro, en señal de protesta".

La dictadura castrista es especialmente severa contra los médicos opositores, ya que la medicina, junto a la educación, se consideran los grandes logros del régimen.

Luis Milán Fernández ha contraido varias enfermedades en prisión, pero físicas, no mentales. A pesar de eso, en febrero del 2005 Lisandra reveló que las autoridades carcelarias confinaron a su esposo arbitrariamente en una sala psiquiátrica de la Prisión de Boniato. Rodeado de enfermos mentales, al mejor estilo soviético o de la dictadura china.

Lisandra también atiende la biblioteca independiente José Lezama Lima.
 
Dolia Leal Francisco

Dolia Leal Francisco
esposa de Nelson Aguiar Ramírez

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Yamilé Llanes Labrada

Yamilé Llanes Labrada
esposa de José Luis García Paneque



"Las condiciones en la prisión son terribles. El agua no es potable, la comida está podrida y no hay higiene. Peor aún, algunos reclusos nos han amenazado con dañar a nuestra hija"

José Luis García Paneque, era un reconocido médico al que se le prohibió ejercer en la medicina pública -la única en Cuba- debido a que no comulgaba con las ideas del gobierno. Fue condenado a 24 años de cárcel por ejercer el periodismo independiente como director de la agencia de prensa Libertad. Tampoco le perdonaron ser presidente del Colegio Médico Independiente de Las Tunas. Yamilé y José Luis tienen cuatro hijos: María Caridad, de cinco años; José Alejandro, de siete; Shirlen, de ocho y Sheila de 13.


 
Ileana Marrero Joa

Ileana Marrero Joa
esposa de Omar Rodríguez Saludes

"Cuando arrestaron a mi marido, nuestro hijo de siete años se volvió muy introvertido. Perdió el interés por la escuela y por sus amigos y ya no se comunica con nadie. Además, se ha vuelto muy agresivo y considera que el mundo es injusto y corrupto".
 
Elsa Morejón

Elsa Morejón
esposa del doctor Oscar Elías Biscet

Es esposa del doctor Oscar Elías Biscet, preso desde hace seis años con una breve excarcelación entre dos condenas.

Elsa pertenece a la Fundación Lawton de Derechos Humanos, aunque también acompaña algunas veces a las Damas de Blanco. "Yo respondo a los principios de esa fundación, por la vida, por los contenidos de la declaración Universal de Derechos Humanos", especifica. A diferencia de las demás esposas de detenidos, su calvario comenzó hace seis años. "Lo arrestaron el 3 de noviembre del 1999 y cumplió tres años en una cárcel a más de 700 kilómetros de La Habana, en la provincia de Holguín. Lo excarcelaron el 31 de octubre de 2002. Lo volvieron a arrestar el 6 de diciembre de 2002. Lo tuvieron en prisión provisional hasta el juicio el 7 de abril y lo sancionaron en la causa de los 75, porque supuestamente violó la soberanía y la integridad del territorio de Cuba, según la ley 88 o ley mordaza. Está condenado a 25 años", resume. Hoy, por fin está en el presidio de Combinado del Este, en la capital cubana. Pero su deambular por las cárceles ha sido largo. De Holguín fue llevado a Pinar del Río y no ha escapado a periodos en los que ha estado sometido a celda de castigo. El problema de los traslados le ocasiona a ambos un dolor adicional. "La comunicación con la familia ha disminuido, porque con el trasladado, los funcionarios alegan que eso es provisional y no cumplen con los calendarios de visitas". Según Elsa, su marido "aparentemente tiene buen aspecto general. Pero tiene una infección en una muela por lo que tuvo que tomar antibióticos. Además padece de gastritis crónica. No está en el hospital, nunca lo ha estado", denuncia. Pero a su modo de ver el problema mayor en el tema de la salud es que no lo sacan a tomar sol como dice el reglamento. "Tiene que estar encerrado prácticamente las 24 horas del día", acusa.

Oscar Biscet, de cuarenta y tres años, es médico, especialista en medicina interna de primer grado. Trabajaba hasta que lo expulsaron por denunciar el problema de los abortos. "En el año 1998 él presentó una demanda a la fiscalía y denunció el uso indiscriminado de los métodos abortivos en el hospital donde trabajaba. Aprovechó la entrega de guardia a sus colegas para hacerles un llamado para que no hicieran eso, que no siguieran con esas prácticas, que era contra la vida y lo expulsaron".

Elsa, quien se desempeñó como enfermera por más de veinte años en el sistema público, también perdió el trabajo en la misma época que su esposo. "Cuando él hizo el llamado de alerta por los abortos lo acusaron de pertenecer a una organización contrarrevolucionaria. Imagínese, cuando la organización que él preside es humanitaria con fines pacíficos, es un hombre pacífico que predica y practica la no violencia", reclama Elsa.

Pero no sólo está desligada de su esposo. A su hijo, de veintiún años, logró enviarlo a Estados Unidos porque en Cuba no tenía una carrera universitaria. Allá estudia contabilidad y trabaja en dos lugares. Vive con su abuelo materno, quien partió hace veinte años al exilio. "Mi padre enfrentó la vida con dignidad de exiliado", destaca Elsa.

Pero la adversidad no le ha doblado la mano ni el ánimo a esta mujer. En su tiempo libre se dedica a estudiar inglés y computación. También intenta actualizar sus conocimientos de enfermería. "Lo hago para superar la frustración de no poder ejercer una carrera para la cual nací con vocación, a la que le dediqué gran parte de mi vida y a la cual espero, algún día, poder volver", comenta esperanzada.

En su casa de Avenida Acosta 464 vive acompañada de una amiga de ochenta años. "Vivo con una señora mayor que para mí es como una madre. La separación familiar entraña un sufrimiento espiritual y un daño psicológico que para las personas que aún tienen a Dios en su corazón les puede hacer daño, inclusive muchas veces puede ser irreversible".

Y también dedica parte de su tiempo a escribir sobre la situación de Oscar. "He escrito artículos sobre derechos humanos y opinión para agencias, revistas cristianas en Europa y programas por Radio Martí. También he participado en eventos en Cuba con la disidencia para saber los problemas de los presos. He ido a las embajadas para explicar la situación", relata. Pese a todos los infortunios mantiene la esperanza de que su esposo logrará finalmente la libertad. "Él no ha cometido ningún delito, ni siquiera ante las leyes cubanas. Porque la Constitución comunista contempla derechos, pero cuando uno los pide no los tiene. En muchas partes hay leyes injustas pero aquí hay algo más grave, que es que no le dejan a la persona el derecho de expresarse, asociarse, reunirse, para decir lo que la persona siente, cree y piensa. Mientras esas leyes estén vigentes, Oscar tiene que estar preso".

También tiene la convicción de que la situación de hoy no durará toda la vida. " Lo único que tengo es a Dios en mi corazón y la fe, la fuerza y la esperanza que El me ha dado para creer que en un futuro nosotros vamos a estar mejor y que vamos a seguir adelante con la verdad".

Elsa tiene cuarenta y seis años y su cuerpo se ha resentido por el proceso que está viviendo. "Para una mujer sola es muy complicado enfrentarse a un ejército de personas que no comprende que todos tenemos los mismos derechos, que todos somos iguales ante la ley. Esas situaciones crean tensiones y las tensiones crean enfermedades. En el caso mío estoy con soriasis, por la tensión a la que he sido sometida durante seis años".

El recuento que hace de su vida la llena de nostalgia, pero también de fe. De la fe que ha encontrado en la iglesia Bautista a la que pertenece. "Mi vida es una vida de lucha contra el mal, contra las injusticias, pero con la fe de que todo se va a resolver. Porque ellos son inocentes".


 
Julia Núñez

Julia Núñez
esposa de Adolfo Fernández Saínz

"Adolfo es un hombre muy bueno que no ha cometido ningún delito. Sencillamente por pensar distinto y decir lo que él encuentra que está mal fue encarcelado. Es un hombre católico, pacífico, amante de la paz. Muy tolerante"

Su marido no está encarcelado en La Habana, donde viven. Adolfo Fernández, periodista independiente, está en la provincia de Holguín a 700 kilómetros de su hogar, condenado a quince años de prisión. "Hacía artículos para distintos órganos de prensa fuera de Cuba. Aquí no se los publicaban, siempre le dijeron que no. Por hacer esa labor lo llevaron a juicio", cuenta Julia. Con la distancia, añade, no sólo lo condenaron a él sino que también a su familia. "La situación del transporte en Cuba es crítica y para viajar a provincia es peor todavía. Tenemos tren y bus. Ni pensar en avión. Pero tomar el bus significa que tenemos que estar veinte días antes de la fecha de la visita en una fila. De lo contrario hay que encargarle a una persona que haga la cola, que se mantenga allí hasta que nos toque el turno de sacar el pasaje. Entonces, además de comprar el pasaje hay que pagarle a esa persona". Su régimen de visita es similar al de todos los detenidos. Cada tres meses la visita de la familia y cada cuatro la conyugal.

Julia trata de llevarle alimentos pero también es un gran problema. "Los alimentos no pueden superar las treinta libras de peso y no se permiten latas, ni nada que esté contenido en vidrio, porque se considera un arma cortante. Tienen que ser cosas a las que se cambia de envase y que no se vayan a deteriorar con el calor, no tienen refrigerador".

Julia y Adolfo tienen una única hija, de veintinueve años, que vive con su madre y es quien la acompaña, cuando el dinero alcanza, hasta la prisión. ¿Cómo hacen para poder soportar esta situación? "Somos una familia de fe, somos católicos practicantes y esa fe es la que nos ha ayudado a sobrellevar todo. A Adolfo también. Su ánimo, su espíritu, que es lo principal, están muy fuertes", indica.

Al igual que ella, Adolfo tiene cincuenta y siete años, jamás ha fumado, no bebe y hasta antes de caer preso era muy deportista. Su salud ha cambiado dramáticamente desde que está en prisión. "Cuando él cayó preso no estaba enfermo. En diciembre pasado les hicieron un chequeo a los 75 y se le detectó una serie de enfermedades que no tenía. Como por ejemplo, enfisema pulmonar, un quiste en un riñón, hernia al hiato, problemas en la próstata, hipertensión arterial, y blesfaritis (una infección de la vista). Nada de eso tenía cuando entró en prisión". La atención médica sólo llegó después de que un grupo de presos hiciera una huelga de hambre para ser revisados por un doctor.

Lo que más la deprime a Julia son las visitas de matrimonio. "Las condiciones son pésimas. Como lo dice su nombre es una visita para la pareja, pero la situación de la habitación es terrible. Más penosa no pueden ser, una falta de higiene total, no hay agua, él tiene que llevar un cubo de agua. Y aunque nos dejan solos, siempre tenemos mucho cuidado de taparnos porque de alguna manera siempre es posible que estén mirando", relata con cierto pudor. "Es un sentimiento muy contradictorio. Tengo la alegría de que gracias a Dios lo puedo abrazar, tocar y ver que está vivo, pero mucha tristeza de verlo tan delgado y de tener que separarme de él.

Claro que eso igual me da fuerzas para continuar y enfrentar lo que estamos viviendo".
La sensación de pena le viene cuando debe abandonar la cárcel. "Ese momento que paso con él se me va muy rápido. Me paso semanas antes con mucha ilusión preparando lo que le voy a llevar y esas dos horas o tres, se me van muy rápido. Y cuando lo dejó allí digo qué hago yo yendo para La Habana otra vez y dejándolo allí".

Julia siempre ha vivido en La Habana y lo más lejos que conocía era Varadero, que está en la provincia de Matanzas, la más cercana a la capital cubana. Desde que su marido está preso ha conocido más de lo que ella quisiera. "Me habría gustado viajar, pero no hay dinero para eso y sin embargo ahora estoy conociendo todo el país. Siempre me digo: qué cosa, estoy conociendo mi país, pero bajo este dolor y bajo estas circunstancias, sola o con mi hija, pero con mi pena. No es un viaje placentero".

Julia trabajaba en una oficina del gas, hasta que empezaron los problemas y su marido le dijo que mejor dejara el trabajo. Hoy viven de la ayuda de familiares y amigos y "de personas que han sido generosas con nosotros". Recalca que las Damas de Blanco son solidarias "Nos apoyamos unas en otras, nos ayudamos. Por ejemplo, ahora a mi me toca mi visita y otra de ellas me colabora con un medicamento que me haga falta o con algún alimento. Hasta con el dinero para comprar el pasaje. Se produce toda esa solidaridad, que es lo que nos une, el compañerismo". En otras ocasiones se ayudan en el diario vivir, como por ejemplo, haciendo la cola para comprar pan. "Como siempre hay que estar haciendo colas para consumir, cuando llega determinado alimento a la bodega hay que ir a buscar a la cola y allí nos apoyamos unas a otras".

Como católicos, a ella y a su esposo la Navidad es una fecha que los conmueve especialmente. A comienzos de año Julia recibe el calendario de visitas para el resto de los meses y hasta ahora lo más cercano a Navidad han sido las visitas de octubre o noviembre.

Otro de los mayores problemas es que los detenidos políticos están mezclados con los presos comunes, muchas veces de alta peligrosidad. Y a Adolfo le ha tocado comprobarlo. "En diciembre de 2003, estaban cometiendo un abuso con un preso y mi esposo lo defendió y otro detenido, que lo pone allí la misma seguridad del Estado, lo golpeó en la cabeza. El muchacho agredido tenía problemas de retraso mental y gritaba que se iba a cortar las venas. Por eso mi esposo intervino. Como nadie le hacía caso al joven enfermo el otro hombre le dio una golpiza y en eso intervino Adolfo y también le pegaron a él, sólo por ayudar". "Adolfo se alegra de no haberle visto la cara en el momento que lo agredió porque así lo puede perdonar mejor", remata Julia con la convicción de la buena actuación de su marido. Mientras, sus días transcurren en el pequeño departamento número 19 de la calle Belazcoaín 465, en un edificio multifamiliar deteriorado.

 
Beatriz del Carmen Pedroso

Beatriz del Carmen Pedroso
esposa de Julio César Gálvez

Como periodista, aunque no pueda ejercer, Beatriz del Carmen sabe de la importancia que tiene contar su historia. Una historia donde se mezcla el sufrimiento y la solidaridad. La peor humillación para ella es la revisión a la que la quieren someter cuando visita a su esposo, Julio César Gálvez, quien cumple quince años de injusta condena. "Me siento triste, cansada. Me han humillado, en los dos pabellones que fui, me han querido registrar mi cuerpo, bajarme los pantalones, y yo no me dejé".

Pese a lo que ha tenido que pasar, junto a las otras señoras, su voz suena fuerte. Decidida. Ella como periodista sabe la importancia que tiene dar a conocer al mundo lo que ocurre con ellas y con sus esposos detenidos. "Yo estoy bastante cansada, como las demás, estamos esperanzadas de que los liberen, pero al mismo tiempo ya son dos años, largos años que estamos luchando, abogando por la libertad y vemos que todo el proceso de liberación se ha detenido, no hay movimiento ninguno. No vemos posibilidades ni siquiera de que los que están en el interior sean trasladados para La Habana", cuenta con voz resignada.

A Julio César, quien primero estuvo detenido en Villa Clara por más de un año, lo trajeron ahora al Combinado del Este. Y si bien es cierto que está más cerca de su familia, el traslado le trajo problemas nuevos. "Aquí se han suscitado problemas con los presos comunes. Hay motines en los que los presos se han entreverado, y se comentó que tenían la intención de coger a los presos nuestros como rehenes para lograr los objetivos que ellos querían. Tenían toda una banda, incluso quemaron a sus compañeros, hubo muertos", relata Beatriz. Hoy Beatriz tiene 53 años, pero con los problemas que tiene al oído medio que le producen severas caídas, de pronto se siente mayor. Pero saca ánimo. No sabe de dónde. Se levanta nuevamente. Julio César la espera. A su marido lo conoció el 16 de diciembre del 1999. De su anterior matrimonio tiene dos hijos, el menor, de 22 años, quien vive con ella. Su hija, de 35 años, hace siete años que se fue a vivir a Oregon, Estados Unidos. Tiene tres nietos a quienes no conoce. Y eso le duele. Un nieto es autista y consiguió una visa humanitaria para visitarlos. Llegó al aeropuerto de La Habana. Tenía todos los papeles en regla. Y aunque nunca descartó que algo pudiera pasar, el dolor fue mayor cuando ocurrió. "Ya me habían chequeado. Estaba en la sala de embarque cuando me fueron a detener y me dijeron que no podía salir", recuerda.

"En esos días se hacía la reunión de Ginebra sobre los derechos humanos en la isla y ellos (la seguridad del Estado) me dijeron que podía ser utilizada por la mafia norteamericana en Estados Unidos, que podría servir de propaganda". Fue tremendo. Pero según relata, lo peor es que la dejaron con la ilusión hasta el último momento. "Lo más doloroso fue que siempre me dijeron que sí. Se me dio el permiso y esperaron hasta el último momento. Si me hubieran dicho antes habría sido terrible, pero no tan traumático", recuerda.

El incidente pasó el 16 de abril del 2004. Su visa para Estados Unidos vencía el dos de mayo. Ya no había ninguna posibilidad de reintentarlo. Y así sigue su vida en La Habana. "Mi vida es dura. No podemos salir a divertirnos, no tenemos deseos". Su vida transcurre, como ella dice, lenta e insegura. "Siempre tengo que estar rompiendo barreras. Me paso la vida trabajando, atiendo una biblioteca que abre los sábados y domingos". No pierde el interés por su profesión, toma fotografías y escribe para unas revistas en Florida y Suecia. Todo parece tranquilo, pero no lo es. "Sufro humillaciones, llamadas impertinentes, casualidades. Que la siguen a uno, esas cosas que nos pasan a nosotras que parecen casualidades y no lo son".

Con cierto pudor le consultamos de qué vive, ya que su hijo no tiene trabajo, al igual que la mayoría de los familiares de los presos. "Vivo de la ayuda que nos dan los plantados, cada cuatro o cinco meses". Pero incluso, ése dinero se lo dedica a su esposo, para satisfacer las necesidades que tiene en la cárcel. Lo demás lo consigue con lo que pueda ganar escribiendo y lo que le envía su hija desde Oregón. "Uno siempre está pensando si hoy tendré dinero para comprar cosas o si hoy tendré dinero para llevarle a mi esposo. Nosotros no podemos vender maní en la calle. Ni vender café", se lamenta. .

Los dolores son los mismos, por eso aunque ella se confiesa cristiana pentecostal acompaña a las Damas de Blanco a la iglesia católica. "Me solidarizo, soy víctima igual que ellas. Cristo dice que no hay diferencia entre las iglesias". "Siempre nos ayudamos, estamos al tanto de alguna necesidad que pueda tener alguna de las señoras de los presos". Y en medio de sus dificultades, Beatriz siempre tiene tiempo y dedicación para las demás. "Yo ahora hice un viaje por las provincias, a fines de abril y mayo. Visité muchas casas de mujeres de presos y pude comprobar mucha miseria. No es como se cuenta que vivimos como 'carmelinas', un dicho que tenemos acá, con muchas comodidades". Todo lo contrario, las señoras se lo pasan con mucho trabajo. Generalmente solas, con niños o con personas enfermas a su cargo. "Hay personas que prácticamente no tienen una casa donde vivir. Como una en Santiago de Cuba, la casa de Clara. Esa mujer vive prácticamente en peligro constante de que se le pueda caer su vivienda. Fui a casa de Melba Santana y también son personas muy pobres, no tienen agua, han sufrido el proceso de sequía y eso sumado a la lejanía de los esposos. Mujeres solas, mujeres mayores que ya pudieran bien dedicarse a su casa, o a otros quehaceres, tranquilas preocuparse de su vejez, pero están preocupadas de la familia y enfrentándose a muchas dificultades", señala y parece que sus problemas se aminoraran contando el sufrimiento de las demás.

Uno de los momentos más difíciles de estos años, aparte de los allanamientos a su casa, fue cuando operaron a su esposo de la vesícula. "Fue muy preocupante. Después, cuando lo oigo quejarse de que no lo llevan al médico, eso me duele". Pese a la soledad y la precariedad de su vida, siempre hay espacio para la solidaridad. Y esta se expresa en abrir su hogar para recibir gente que viene de las provincias. "El otro día tuve a dos mujeres de Villa Clara y fuimos a Santa Rita. Fue muy interesante compartir con ellas. Tengo aquí cerca a Elisa, la mujer de Pedro Pablo, que siempre la estoy viendo, siempre está enferma la pobre. La acompaño para que salga de la rutina".

El último recuerdo de su esposo es muy fuerte. Se acercaba el 18 de marzo (2005), el aniversario de las detenciones y cuando se aprestaba a participar en la marcha que las Damas de Blanco harían el domingo 19, le avisaron que justo ese día podría visitar a su marido. "Esa visita no estaba en el calendario. Fue programada a propósito para alejarme de las manifestaciones", asevera. "Fui y justo hubo un motín en la cárcel de mi esposo. Eso me hizo salir de allí muy alterada, me dio por decaerme y dormir. Las Damas de Blanco también tuvieron ese día una tremenda experiencia. Fue cuando un grupo de mujeres se les unieron a la marcha tratando de espantarlas, de atemorizarlas. Fue bastante difícil".
 
Milka María Peña Martínez

Milka María Peña Martínez
esposa de Luis Enrique Ferrer García

Milka María Peña Martínez es una cubana de treinta y tres años. María Libertad tiene dos años y es hija de ella y de Luis Enrique Ferrer García, condenado a 28 años de cárcel, la condena más larga del grupo de los 75. Viven en Puerto Padre, provincia de Las Tunas, y su marido permanece en Mar Verde, Santiago de Cuba.

Milka tenía seis meses de embarazo cuando fue detenido su esposo. "Luis Enrique conoció a la niña cuando cumplió un mes de nacida, pues yo la llevé y la dejaron ver un momento nada más. Luego se pasó nueve meses sin visitas porque ellos querían obligarlo a vestirse de preso, con un traje gris, como el que llevan los reos comunes. Él nunca quiso. Siempre se viste de blanco. Estuvo nueve meses sin recibir visitas de ningún tipo", cuenta.

Para inscribir a la niña con ese nombre tuvo que dar una fuerte batalla. "No querían inscribirla por el nombre y por los apellidos. Tuve que dar mucha lucha y hasta pagar a un abogado para conseguirlo".

Pese a ser tan pequeña, María Libertad vive preguntando por su padre. "Cada vez que lo hemos ido a ver empieza a llorar, quiere que su papá venga para la casa. Todas las noches pregunta: ¿mami, cuando viene papi?". La niña lo ha visto poco pero no por eso le tiene menos cariño a su padre. "Ella conversa con él por teléfono y eso